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Ariana Bove Photography | San Benito en Piñango
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San Benito en Piñango

San Benito en Piñango

En medio de la gran gama cultural de la cual gozamos los venezolanos, se encuentran las joyas que trajeron consigo las distintas naciones que participaron en el proceso de colonización. ¿Y por qué no llamarle joyas a los legados artísticos? Son estos los que podemos estudiar, observar e incluso traerlos a la vida a pesar del tiempo que ha transcurrido. Sobre todo aquellos en los que podemos ser participes e involucramos nuestros sentidos. Los tributos a San Benito de Palermo por ejemplo, se forman en unión de cofradías de los distintos sectores de un pueblo, que en honor a este Santo, expresan su agradecimiento con bailes típicos, música y oraciones.

En el territorio de los caballeros, nuestro estado Mérida, se encuentra un pueblito muy “caluroso” (entre comillas porque realmente hace frío, pues está en medio de los pámaros andinos) y colorido que da la sensación de haber sido olvidado por el modernismo. Piñango es su nombre actual, antes conocido como el Pueblo de la Sal. Es increíble como sus habitantes conservan la estructura colonial típica de los andes venezolanos en sus propias casas, al igual que la fuerte dedicación al cultivo de sus hortalizas, crianza de animales y utilización de medios convencionales en sus actividades cotidianas como la cocina a fogón, la pesca de trucha con cañas artesanales, caballos como medio de transporte, entre otros. Por supuesto, no escapa a que muchos prefieran las comodidades de la actualidad e igualmente usan sus carros, teléfonos y demás.

Sin embargo, es un pueblo para descansar física y mentalmente de la bulla de cualquier ciudad, una excelente opción para retiro espiritual y un gran punto de despegue para nuevas ideas e inspiración. Por esto, documentar la alegría y empeño que demuestran sus habitantes por el querido Santo, no fue difícil de decidir, puesto que desde muy temprano se sentía todo el movimiento que esta celebración provoca en su gente.

La pauta de inicio es dada por la Iglesia, que llama con sus campanadas al encuentro dentro de la misma, para realizar las bendiciones, agradecimientos y nuevas peticiones a San Benito. Luego sucede la marcha de bailes y música apenas al salir de la Casa de Dios, donde se forman y turnan las distintas cofradías de los sectores los cuales visten su propia imagen del Santo, usan indumentaria diferente para identificarse en grupos y recorrer la calle principal del lugar, la cual comprende una distancia aproximada de 500 metros desde la entrada del pueblo hasta la propia Iglesia. (Sí, es un pueblo pequeño).

Sin más, les comparto parte de las mejores fotografías que he capturado por esta vez, aunque me comprometo en volver y ampliar este trabajo, puesto que sin duda merece este documental y el de todas las celebraciones que realizan en Año Nuevo.

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Vista general del casco principal del pueblo Piñango.

 

 

 

 

 

Entrada de las cofradías a la Iglesia

Entrada de las cofradías a la Iglesia.

 

Altar de la Santa Iglesia de Piñango

Altar de la Santa Iglesia de Piñango.

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Hostia Consagrada recibiendo a sus adoradores.

 

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Danzantes y músicos en pleno.

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Iniciando el recorrido por el pueblo.

 

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Tejiendo cultura.

 

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Rindiendo honores al Santo.

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La preparación para tomar el turno al baile.

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La entrega.

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Una de las tantas imágenes de San Benito de Palermo.

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El aprendizaje, el compartir de jóvenes para la preservación del legado cultural.

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El disfrute de los niños.

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La participación de toda la comunidad.

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Quienes forman parte de esa historia por años, y disfrutan aún más de compartir las fiestas de su pueblo.

En palabras no podría agregar mucho más de lo que las imágenes ya muestran. Sólo me queda invitarlos (aunque no sea procedente de este encantador pueblo), a que si tienen la oportunidad de visitarlo, no duden en hacerlo. Finalmente les dejo un autorretrato que tomé cuando bajábamos por las hermosas montañas de Mérida, camino a Piñango, con una frase que me encantó de Susan Sontag, gran filósofa de la fotografía.

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